Nuestro
negocio: sueño y realidad.
Todos nos destacamos en algo: escribir, dirigir, crear,
planificar, etc. Pero necesitamos mucho más para iniciarnos
en el trabajo independiente.
Para empezar, es importante poner en claro cuáles son nuestros
puntos fuertes y débiles. Sería interesante volcarlos por
escrito, el hecho de hacerlo ayuda a clarificar nuestras ideas.
Analizando
nuestras fortalezas podemos ver qué atributos explotar y por
sobretodo los que nos distinguen de nuestros futuros competidores.
Con respecto a las debilidades, buscaremos estrategias para superarlas o intentaremos encontrar algún socio que cuente con aquello de lo que carecemos. Esta nueva figura ingresará en el emprendimiento (o no) para equilibrar la balanza, de lo contrario, su incorporación no tendría sentido.
En otro lugar debemos considerar otros aspectos vinculados al
producto o servicio que queremos ofrecer:
a) ¿Es novedoso?. De nada sirve llevar al mercado “más
de lo mismo”, se encontrará con numerosos competidores
compitiendo por un mismo espacio y las ventas se tornarán
dificultosas.
b) ¿Qué necesidad satisface?. Una golosina no
apunta a la necesidad de alimentarse. Diferenciando
claramente qué busca el consumidor cuando compra el producto
podemos crear alternativas de promoción eficaces.
c) ¿Quiénes pueden estar interesados en comprarlo? El
mercado está muy atomizado, los consumidores tienen necesidades
diferentes y es imposible satisfacer a todos por igual. Hay
que describir con claridad la franja o segmento al que le puede
interesar el producto y comprobar además este hecho. A veces el
empresario cree que todo el mundo piensa como él y que su producto
es el mejor, por eso es conveniente testear el grado de interés con
alguna herramienta de marketing, de las que hablaremos en otros artículos.
d) ¿Quiénes son o podrían ser competidores?. En este
punto tenemos que considerar a los que ya están en el mercado.
Para eso podemos sondear la opinión que los clientes tienen de sus
ofertas, averiguar cómo distribuyen y en qué se destacan.
También vamos a tener en cuenta a los que ofrecen productos
que satisfacen la misma necesidad que el nuestro o a los potenciales
ingresantes.
e) ¿Cuánto nos cuesta el producto? Hay que realizar un
análisis “sincero” de los costos que debemos afrontar. Es
importante hacer un cálculo minucioso, que contemple todos los
factores: nuestro trabajo, la carga impositiva, los
materiales, los costos fijos, etc.
f) ¿Cuál es el precio que estarían nuestros futuros
clientes dispuestos a pagar? Este es un dato clave, junto con
el punto anterior nos da una idea de las utilidades a las que
podemos aspirar.
Estas cuestiones son, simplemente, puntos de partida que darán lugar a otros aspectos de no menor consideración.